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lunes, 22 de febrero de 2010

Eric Rohmer dies at 89



I come out of my ostracism after finding unexpectedly during today's BAFTAs that the master Eric Rohmer died last month aged 89. And although it's a serious sin not having found out about it for so long it's never too late to write something even if it's short.


Rohmer was never my favourite director of the 'Nouvelle Vague' and he didn't direct my favourite movies either -Truffaut and Godard did-, but he was me in the movement. I don't know if that's good or bad because he was supposed to be an unbelievably, annoying, son of a bitch, but he always told his stories the way I would have told them and, in that way, he always made me laugh like a kid although his stories were far from amusing.


He directed a jewel like My night at Maud's but I always remember him for Pauline at the beach. I watched it when I was a kid and it always represented for me how different cinema could be and the fact that there were no conventions when it comes to tell a story.


Taking this even further he directed the rest of his "Moral tales", "Comedies and proverbs" and "The tales of four seasons" that granted him the infamous labels of "miniaturist" and "entomologist", so frequently used by his detractors to describe the way he studied and pulled his characters apart to tell his stories. But in doing so he broke the conventions of narrative to talk of life as such, a much less intricate event than we think, without fireworks celebrating big moments of joy or sad piano music accompanying drama, without a logical narrative structure, where things just happen as he showed at its best on A winter's tale or on Claire's knee. And so often using the naivety and natural manners of the youth compared to the awkward situations adults put themselves through.



And although his movies in the last decade were far from his splendor and more directed to satisfy his interest in literature, he still leaves us his talent in more than a dozen movies that will make us remember him for the cinematic genius he was.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Muere Fernando Fernán-Gómez, gigante de la cultura en español



Y el rayo que no cesa. Esta vez es la cultura española en su conjunto la que vive la última pérdida de este infausto 2007. Ayer murió a los 86 años Fernando Fernán-Gómez, una de las grandes figuras de este país y auténtico hombre del Renacimiento moderno, casi último superviviente de un grupo de actores incontestables a los que se podrían añadir nombres como los de Fernando Rey y Paco Rabal.


Tras nacer casi por error en Lima, como es de rigor en un buen cómico, llegó a España con su abuela que fue la que se encargaría de su educación en esos primeros años. A comienzos de los 30 empezó ya a interesarse por el teatro en sus días de estudiante, pero no pudo estudiar Filosofía y Letras como era su deseo por el estallido de la Guerra Civil. Una vez acabada la contienda, consiguió hacerse un hueco como meritorio y en la compañía de Laura Pinillos fue descubierto por Jardiel Poncela. El gran dramaturgo madrileño le haría debutar en 1940 en el teatro de La Comedia, ni más ni menos, que con un papel en Los ladrones somos gente honrada. Poco después entraría a formar parte de esa galaxia cinematográfica española que crearía la productora CIFESA, para la que protagonizó sus primeros papeles para el recuerdo en películas como Botón de ancla o Balarrasa, dirigida por el "maldito" José Antonio Nieves Conde. A comienzos de los 50 y después de flirtear con el cine internacional en un pequeño papel para G. W. Pabst, protagonizaría junto a Elvira Quintillá la primera de una larga lista de películas fundamentales del cine español, la colaboración Berlanga-Bardem Esa pareja feliz.


Al año siguiente comenzaría su carrera como director que, tras títulos propios de un debutante como Manicomio o El malvado Carabel daría obras tan relevantes como La vida por delante, La vida alrededor, El mundo sigue o la adaptación de la obra de Pedro Muñoz Seca La venganza de Don Mendo. Protagonizadas por algunos de los mejores actores de la época, incluido él mismo, le granjearon una posición de gran relevancia dentro de la profesión. En los 60, mientras dirigía y limitaba su actuación a papeles en comedietas subiditas de tono, comenzó su carrera como literato que le acabaría llevando en el año 2000 a ocupar el sillón "B" de la Real Academia Española. Tras publicar El vendedor de naranjas y fundar su propia compañía de teatro, dirigiría en 1964 una película clave a la hora de definir el cine de este país: El extraño viaje. Con el protagonismo de Tota Alba, Carlos Larrañaga y una descacharrante pareja de hermanos interpretados por Rafaela Aparicio y Jess Franco, contaba en un tono de humor negro una serie de acontecimientos dignos de 'thriller', salpicados por un ácido retrato de la sociedad española de la época.


En los años 70 y tras dar vida al ingenioso hidalgo Don Quijote comenzaría uno de sus periodos más fructíferos como actor. En el 73 protagonizaría dos películas dirigidas por cineastas del nuevo cine español de la época, Ana y los lobos, de Carlos Saura y, sobre todo, sería el padre de las niñas en la imprescindible El espíritu de la colmena, de Víctor Erice. En el 74 sería Jaime de Armiñán el que le dirigiría en El amor del capitán Brando y un año más tarde, Pedro Olea en Pim, pam, pum... ¡fuego!. En 1976 se llevaría por una pequeña película con guión de Rafael Azcona, El anacoreta, el que sería su primer Oso de Plata en el Festival de Berlín -conseguiría uno más en 1985 por el trabajo de Jaime de Armiñán, Stico y, definitivamente, el de Oro honorífico hace tan sólo un par de años-. La década la cerraría colaborando de nuevo con Carlos Saura en la esperpéntica Mamá cumple 100 años que llegaría a estar nominada al Oscar.


Su carrera como literato dio un salto cualitativo cuando en 1978 se hiciera con el premio Lope de Vega por su obra semiautobiográfica Las bicicletas son para el verano, que en 1984 Jaime Chávarri llevaría al cine. El año 85 adaptó el que fuera serial radiofónico El viaje a ninguna parte que, tras dirigirlo para la gran pantalla tan sólo un año después, se convertiría sin duda en su obra paradigmática y en metáfora de una España de tartana y carromato con un incierto futuro. Ese mismo año ganaría el Premio Nacional de Teatro y en poco tiempo le seguirían el Nacional de Cinematografía (1989) y el Príncipe de Asturias (1995). Con El viaje a ninguna parte conseguiría en la primera gala de los Premios de la Academia de Cine los Goya a mejor película, director y guión a los que sumaría el de mejor actor por la también dirigida por él Mambrú se fue a la guerra. Fernando Fernán Gómez se confirmaba como uno de los más grandes de la cultura española.


En los años siguientes protagonizaría películas como El río que nos lleva, El rey pasmado, la también dirigida por él El mar y el tiempo y acompañaría a Paco Rabal en su televisivo Juncal. Pero sería en 1992 con el éxito de la oscarizada Belle époque cuando volvería a escribir su nombre con letras doradas en el cine español ganando su 5º Goya. En estos años 90, se haría habitual su presencia en televisión, sobre todo con la jardieliana Los ladrones van a la oficina, y con pequeños papeles en series como Farmacia de guardia. En 1997 protagonizaría la adaptación de la novela de Manuel Vicent Tranvía a la Malvarrosa y un año más tarde sería Garci con El abuelo el que le volvería a llevar a los Oscars y a hacer ganar un nuevo Goya por su papel de don Rodrigo de Arista Potestad. En 1999 protagonizaría por partida doble dos nominadas al Oscar, primero la adaptación de los relatos de Manolo Rivas en la entrañable La lengua de las mariposas y después dando vida al padre de Penélope Cruz en la fenomenal Todo sobre mi madre que, como todos sabemos, sí se llevó el Premio de la Academia americana.




Pese a su débil salud, en 2001 adaptaría al cine el Lázaro de Tormes cuyo guión le valdría su último premio Goya. Al año siguiente apostaría por un título aparentemente menor cuya presencia convirtió en una de las películas del año, En la ciudad sin límites, dirigida por Antonio Hernández. Tras un pequeño homenaje por parte de Garci en Tiovivo c. 1950 y su paso por la serie Cuéntame, protagonizaría sus últimas ficciones hasta la fecha en el trabajo de Patricia Ferreira Para que no me olvides y en el debut de Gustavo Ron, Mía Sarah. El año pasado y como oportuno homenaje protagonizaría la película-entrevista-monólogo La silla de Fernando, dirigida por Luis Alegre y ese devoto cinéfilo que es David Trueba, demostración de cómo Fernán Gómez podía hacer que una charla fuera más que una charla. A día de hoy todavía tiene 2 películas pendientes de estreno este monstruo que trabajó hasta el final.


Excéntrico, gruñón y enfermizamente tímido, con él se va una pieza fundamental del último siglo de la cultura de este país, perteneciente a una casta de esas que ya no se fabrican. Se echará en falta a alguien tan dispuesto a mandar a la mierda la idiotez que puebla nuestros medios.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Muere Delbert Mann a los 87 años



Esto ya empieza a convertirse en una mala costumbre. A ver si acaba el año 2007 que, como siga así, el 'in memoriam' de los Oscars va a durar más que la gala. Esta vez el que se nos marcha es el que fuera uno de los más reconocidos representantes de eso que se dio en llamar "la generación de la televisión", Delbert Mann. Director de alguno de los mejores productos televisivos de la época, ganó el Oscar por Marty y entre todas sus películas logró llevar a las nominaciones hasta a 8 intérpretes.


Delbert Mann nació Delbert Martin Mann Jr. en la ciudad de Lawrence, Kansas, en 1920. Pocos años después se mudaría con su familia a Nashville donde se graduaría en la universidad de Vanderbilt y conocería a su futura mujer, Ann Caroline Gillespie. Sería allí también donde conocería a Fred Coe con el que empezó a trabajar en el Community Playhouse y que le acompañaría a lo largo de su carrera profesional, produciendo buena parte de sus trabajos televisivos. Al acabar la universidad se enroló en el ejército y participó en el "teatro de operaciones europeo" de la aviación aliada. Cuando se licenció y, obviamente, más interesado en otro tipo de teatro, se estableció en Yale donde estudió arte dramático en su Drama School para dirigir a continuación el teatro municipal de Columbia, Carolina del Sur.

Por entonces, Fred Coe que ya era productor de la NBC le ofreció dirigir el incipiente programa de teatro en directo "Philco Television Playhouse". Mann aceptó el trabajo y en 1949 se mudó a Nueva York. Para la NBC dirigiría, además del programa de Philco, el "Goodyear Television Playhouse" y el "Producers' Showcase" -en aquella época en que la televisión se encontraba en pañales, la existencia de varios patrocinadores favorecía la alternancia de sus programas patrocinados-. Entre todos los 'shows' produjo varios episodios destacables como October story protagonizado por Julie Harris y un jovencísimo Leslie Nielsen, En mitad de la noche con Eva Marie Saint, Lee Meriwether y E.G. Marshall, un 'remake' de El bosque petrificado, por supuesto, con Humphrey Bogart e, incluso, varias adaptaciones shakespearianas como un Otelo que contaba con Walter Matthau en el papel de Iago. En 1953 dirigiría una obra escrita por otro veterano de la II Guerra Mundial llamado Paddy Chayefsky y protagonizada por el también veterano Rod Steiger. Esa obra era Marty. Pese a que luego se convertiría en un fenómeno cultural que llevaría a las abuelas al cine, la primigenia versión televisiva de Marty pasó totalmente desapercibida para las primeras galas de premios. No sería hasta que al año siguiente adaptase la multiversionada Our town de Thornton Wilder que se reconocería su trabajo como director. Ese episodio que contaría entre otros con Paul Newman, Eva Marie Saint y Frank Sinatra le valdría a Mann su primera nominación a los Emmy. Mientras tanto, los kinescopios de Marty -grabaciones en 16 mm realizadas directamente de los monitores y que rara vez se utilizaban para emitir- alcanzaban gran éxito en California en ese momento en la que las conexiones de costa a costa se limitaban casi exclusivamente a acontecimientos nacionales.


En una época en la que superproducciones del calibre de Los diez mandamientos eran las que se llevaban el gato al agua, Burt Lancaster y su compañero en la producción Harold Hecht decidieron apostar por adaptar Marty a la gran pantalla, una película pequeña y barata que les permitiría deducir impuestos -se dice que Marty fue la primera ganadora de un Oscar cuyo presupuesto era menor que el gasto promocional-. Pese a ello no dejaba de ser un gran reto meterse en un proyecto de una película sin apenas presupuesto, sin estrellas contratadas, rodada en blanco y negro y basada en un episodio televisivo que todo el mundo pudo ver gratis apenas dos años antes. Rod Steiger no quiso vincularse a la compañía de Hecht y Lancaster para repetir papel, así que éste recurrió a su compañero en De aquí a la eternidad, Ernest Borgnine para que sustituyera a Steiger como protagonista. Borgnine no sólo no había interpretado todavía ningún protagónico importante, sino que todos sus personajes habían sido tipos despreciables en las antípodas del apocado carnicero que da nombre a la obra de Chayefsky. A la vista de tan escaso futuro, Lancaster se excluyó del proyecto y Hecht quedó como único responsable de la producción e, irónicamente, de recoger el Oscar que vendría. Marty se convirtió en un éxito arrollador entre la crítica incluso antes que entre el público y fue la primera película americana en ganar la Palma de Oro en Cannes. Cuando logró distribución en EE.UU. alcanzó el muy honorable puesto de ser una de las películas más rentables de la historia y con ello se estableció como la precursora del fenómeno que el cine independiente empezó a vivir en los 90. En los Premios de la Academia optó ni más ni menos que a 8 categorías, incluyendo 3 para su reparto -Borgnine se impondría a Spencer Tracy, James Cagney, Frank Sinatra y James Dean-, de los que se llevaría, además del de su protagonista, el de mejor película, mejor guión y mejor director, siendo el único caso hasta la llegada de Sam Mendes con American beauty en el que un director ganaba el Oscar con su primera película.


Pese al éxito, Mann volvió a su trabajo en la NBC y no dirigió de nuevo para el cine hasta que en 1957 adaptara otro guión de Chayefsky en La noche de los maridos. Protagonizada por los habituales del teatro televisivo Don Murray, E.G. Marshall y Jack Warden, le volvió a servir para visitar Cannes y le valió a Carolyn Jones una nueva nominación a los Oscars. Al año siguiente sería una adaptación del genial Eugene O'Neill, Deseo bajo los olmos, protagonizada por Sophia Loren y Anthony Perkins, la que volvería a atraer la atención sobre su trabajo. Pero, sin duda, su otra cumbre más allá de Marty llegaría ese mismo año con la adaptación de la obra de Terence Rattigan Mesas separadas. Con una producción mucho más notable -las técnicas televisivas ya se habían adaptado al cine como es debido- y un reparto de campanillas, se convirtió en la confirmación de que el teatro de pequeño formato podía competir en igualdad de condiciones con los grandes melodramas de Tennessee Williams o con la superproducción musical de Gigi. David Niven se llevó el Oscar en el que posiblemente sea el papel de su vida y le acompañó Wendy Hiller como la regente de ese hostal que se promocionaba por la posibilidad de comer en mesas separadas -Gladys Cooper, Rod Taylor, Burt Lancaster, Rita Hayworth o la también nominada al Oscar Deborah Kerr ocupaban algunas de esas mesas-. Tras el nuevo éxito se refugiaría otra vez en la televisión y en el 60 volvería a adaptar al cine a un grande, el autor de Picnic William Inge, en este caso con En la escalera oscura, protagonizada por Angela Lansbury, Dorothy McGuire y Shirley Knight que sería la que esta vez alcanzaría la nominación al Oscar.


En 1961 caería en las redes del todopoderoso Martin Melcher, marido de Doris Day y productor de sus películas junto a Rock Hudson, para los que dirigiría Pijama para dos con un guión menos destacable que Confidencias a medianoche, pero dentro de lo mejor de la pareja. Al año siguiente volvería a dirigir a Doris Day, esta vez junto a Cary Grant, en Suave como visón, de nuevo triplemente nominada a los Oscars. Tras una serie de mediocres producciones retornaría a la televisión casi para no volver -apenas dirigiría 4 películas más- justo en el momento en el que era nombrado presidente del DGA, el gremio de directores, cargo que ocuparía durante 4 años. En el 78 y en el 79 volvería a estar nominado a los Emmy por Breaking up y por la adaptación de Sin novedad en el frente respectivamente. Y aún más importante, Delbert Mann se ganó el respeto de sus colegas del DGA que le concedieron su máximo galardón, el premio Robert B. Aldrich, en 1997 y le nombraron miembro vitalicio honorario en 2002.


Así que en estos tiempos de incertidumbre televisiva nos deja uno de los más fieles representantes de la televisión de calidad, que comenzó su trabajo en los turbulentos años de la 'caza de brujas', una época en la que la televisión no era mero entretenimiento y contaba con un buen número de profesionales que la hicieron vivir la que todavía se considera su edad dorada.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Muere el escritor y guionista Peter Viertel a los 86 años



Apenas 3 semanas después de la muerte de su dama, la gran Deborah Kerr, se nos va Peter Viertel, guionista de La Reina de África.


Nacido en Dresde en 1920, huyó junto con su familia del ascenso del nazismo cuando apenas contaba 8 años. Una vez en California, sus padres, Salka y Berthold Viertel, se hicieron un nombre entre los grandes de los estudios hollywoodienses -su madre puso palabras en boca de la Garbo ni más ni menos que en Anna Karenina, La reina Cristina de Suecia y El velo pintado-. lo que favoreció que el pequeño Peter creciera en su casa rodeado de personalidades como Joan Crawford, Charles Chaplin, Thomas Mann, Bertolt Brecht o Aldous Huxley. Con apenas 18 años publicó su primera y exitosa novela, The canyon, y con 21 ya se unió a Dorothy Parker para escribir el guión de Sabotaje, de Hitchcock.


En esos años en los que la guerra arreciaba en Europa, conocería a dos de las personas que más influirían en su vida y a los que él mismo denominó "los amigos peligrosos": John Huston y Ernest Hemingway. Siendo más bien de carácter diplomático, el encuentro con esas fuerzas de la naturaleza fue responsable de algunos de sus mayores éxitos y de sus mayores enfrentamientos como el vivido a tres bandas durante el rodaje en Cuba de We were strangers. Apenas un par de años más tarde se embarcaría en ese proyecto suicida que fue el rodaje de La Reina de África, tanto que la propia Katharine Hepburn dijo de él que "fue el ángel que impidió que todos nos volviéramos locos". Mientras Huston, poco interesado en la novela y el rodaje, se dedicaba a la caza del elefante, Viertel acabó no estando ni acreditado como guionista. Poco después volvería a colaborar con Huston y con Truman Capote en el guión de La burla del diablo para, a finales de los 50, ser el responsable de las adaptaciones de las novelas de Hemingway Fiesta y El viejo y el mar


En esa época y siguiendo una recomendación de Hemingway -"es la mejor novela corta jamás escrita"- comenzó a trabajar en el que acabaría siendo el gran cisma con John Huston, la adaptación del relato de Kipling El hombre que pudo reinar, por la que volvió a no estar acreditado cuando se llevase a la pantalla años más tarde. Sin embargo, Viertel ya era un escritor reconocido gracias a la publicación de sus experiencias en África en Cazador blanco, corazón negro y en un viaje a Viena con motivo del rodaje de Rojo atardecer conocería a la que sería su compañera hasta el final, Deborah Kerr. Lo que no todo el mundo sabe es que, al igual que Paul Newman, eternamente ligado a Joanne Woodward, Viertel también estuvo casado antes, en este caso con 'Jigee' Ray Schulberg, hija del gran Budd Schulberg. De hecho son muchos los que creen que de esta relación surgió la historia que Sydney Pollack llevaría a la pantalla en Tal como éramos. Tras casarse con la Kerr, Viertel se convirtió en su fiel acompañante, abandonando el cine para dedicarse de pleno a la literatura. Su único retorno cinematográfico fue para adaptar su propia historia de Cazador blanco... junto con Clint Eastwood, gran amigo pero con el que no volvió a colaborar porque "no se veía con fuerzas para seguirle en su carrera con la muerte".


A la que nunca abandonó fue a su esposa detrás de la que se ha ido, como siempre, fiel a sus citas.

viernes, 19 de octubre de 2007

Muere Deborah Kerr a los 86 años



Qué racha. Sólo hay que hablar de alguien que está vivo para que se muera. El otro día mismo cumplía Deborah Kerr 86 años y comentaba con una amiga lo joven que desapareció del panorama cinematográfico y ahora nos abandona para siempre una de las grandes damas del cine clásico, sin duda una de las actrices más elegantes que dio Hollywood.


Deborah Kerr nació Deborah Jane Trimmer el 30 de septiembre de 1921 en un pueblecito escocés llamado Helensburgh, hija de un veterano de la I Guerra Mundial. De natural tímida encontró en la danza y en el teatro una forma de expresar sus sentimientos y, gracias a su tía, una estrella de la radio, consiguió varios papeles interesantes en la compañía de teatro de Oxford, en el Teatro al Aire Libre del Regents Park y, finalmente, en el West End londinense. Pronto llegaría al cine con la adaptación de la obra de George Bernard Shaw, Major Barbara en la que coincidiría con otros grandes de la escena británica como Rex Harrison, Wendy Hiller o Robert Morley. Aunque a la hora de recordar su trayectoria cinematográfica siempre se recurra a los mismos nombres, su filmografía incluye bastantes más títulos meritorios de los que se podrían esperar para una carrera tan aparentemente corta. Para empezar, poco después de su debut caería en las redes de los estetas iconoclastas Michael Powell y Emeric Pressburger para los que protagonizaría Coronel Blimp y la oscarizada Narciso negro.


En estos años finales de los 40 seguiría haciéndose un hueco en el mundo del cine y compartiendo cartel con estrellonas como Robert Donat en Perfect strangers, Trevor Howard en I see a dark stranger o Clark Gable, Ava Gardner y Adolphe Menjou en Mercaderes de ilusiones. Pero su primer contacto con el Oscar no llegaría hasta que interpretase a la torturada protagonista de Edward, mi hijo, un título menor de George Cukor basado en una obra de teatro del propio Robert Morley.


En la década de los 50 protagonizaría los que son probablemente sus mejores trabajos. La primera película importante que protagonizó en esta época fue Las minas del rey Salomón junto con Stewart Granger, que recuperaba el mito del doctor Quatermain y la búsqueda de las famosas minas. Al año siguiente sería Ligia en uno de sus personajes más recordados junto a Robert Taylor en Quo Vadis? que le quitó por la mano a Liz Taylor. En el 52 volvería a compartir cartel con Stewart Granger en El prisionero de Zenda y un año más tarde volvería al 'peplum' con Julio César, la adaptación de Mankiewicz del texto shakespeariano. Ese mismo año protagonizaría la película que la convertiría en un mito de Hollywood por la famosa -y escandalosa en aquella época- escena del beso, la obra magna de Fred Zinnemann De aquí a la eternidad. Ganadora de 8 Oscars estuvo nominada a 13, incluyendo a la propia Deborah Kerr que fue derrotada por Audrey Hepburn.





En el 55 protagonizaría junto a Van Johnson y John Mills la primera adaptación de la gran novela de Graham Greene El fin del romance que años más tarde protagonizarían Julianne Moore y Ralph Fiennes. Un año después protagonizaría otro de sus títulos míticos, la adaptación cinematográfica del musical de Rodgers & Hammerstein El rey y yo. Multinominada de nuevo a los Oscars fue esta vez Ingrid Bergman la que dejó a la Kerr sin Oscar. Al año siguiente volvería a visitar los Oscars tras protagonizar junto a Robert Mitchum Sólo Dios lo sabe, la historia de una monja y un marino que naufragan en una isla desierta dirigida por John Huston. Ese mismo año se convertiría en adalid de la celebración de San Valentín al protagonizar junto a Cary Grant Tú y yo. El barco, la abuela italiana y, por supuesto, el mirador del Empire State el 14 de febrero pasarían a formar parte de la iconografía popular.



En el 58 protagonizaría junto a David Niven la adaptación de la novela de Françoise Sagan Bonjour tristesse, dirigida por Otto Preminger y que pondría en el mapa a una joven rubia de aspecto peculiar llamada Jean Seberg. Pero ese año fue, sin duda, el del que probablemente sea el mejor trabajo de interpretación de Deborah Kerr en la incuestionable Mesas separadas. Adaptación de la obra de Terence Rattigan, supuso sendos Oscars para Wendy Hiller y el propio David Niven, pero no para Deborah que tuvo que enfrentarse a la enorme interpretación de Susan Hayward en ¡Quiero vivir!.


En la década de los 60 cambiaría su registro y daría vida a personajes femeninos inquietantes y de oscuro pasado. Tras reencontrarse con Mitchum, Ustinov y Zinnemann en Tres vidas errantes -a la sazón su última nominación al Oscar que perdió frente a Liz Taylor- protagonizaría en el 61 esa obra de culto que es Suspense, de Jack Clayton, adaptación de la novela de Henry James Otra vuelta de tuerca que deja en pañales cualquier intento posterior, incluyendo la infausta Los otros de nuestro Amenábar. En el 64 volvería a reunirse con John Mills en la pantalla para protagonizar la adaptación de Una mujer sin pasado, dirigida por Ronald Neame, y ese mismo año protagonizaría el que fue su último gran papel en otra adaptación, en este caso de la obra de Tennessee Wiliams La noche de la iguana, junto a Richard Burton y Ava Gardner y bajo la dirección de nuevo de John Huston.


Tras protagonizar la parodia de James Bond Casino Royale, Deborah Kerr desapareció por completo del panorama cinematográfico, supuestamente por el aumento de la presencia de sexo y violencia en el cine y sólo retornó al espectáculo brevemente en los 80 para protagonizar algunas obras teatrales de la BBC y la que sería su última película, El jardín de Assam. En el 94, la Academia acabaría compensando su "olvido" concediéndole el Oscar honorífico.


Así que aquí despedimos a una de las grandes actrices del cine clásico que desapareció cuando Hollywood dejó de ser lo que era, ostentando el poco meritorio honor de ser la actriz más nominada a los Oscars sin premio que en breve le disputará Kate Winslet, una de las pocas actrices recientes que hacen que no echemos tanto de menos a estas grandes mujeres de la escena.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Muere Marcel Marceau a los 84 años



El blog se supone que es multidisciplinar, pero por más esfuerzo que le pone uno es increíble la racha de necrológicas que llevamos de un tiempo a esta parte. Hoy quien nos ha dejado ha sido el gran mimo francés Marcel Marceau -es más, se podría decir que el único mimo de relevancia, lo que da idea de su talla-, conocido principalmente por su personaje de "Bip", inspirado en aquellos que interpretaran Charles Chaplin o Buster Keaton, de los que era gran admirador.


De nombre real Marcel Mangel, Marceau nació en Estrasburgo en 1923 en el seno de una familia judía. Cuando tenía 16 años se vio obligado a huir con sus padres ante el avance del nazismo, razón por la cual se cambió el apellido a Marceau. Marcel se unió a las Fuerzas de la Francia Libre de De Gaulle donde, dada su facilidad para los idiomas, sirvió como oficial de enlace con el ejército del general Patton. Su padre, finalmente, fue capturado por la Gestapo y murió poco después en Auschwitz.

Una vez terminada la guerra, Marceau se interesó por el espectáculo gracias al descubrimiento de Charles Chaplin y se decidió a ingresar en la Escuela de Arte Dramático que Charles Dullin tenía en el teatro Sarah Bernhardt de París. Allí conocería al que sería su maestro, Etienne Decroux, y a Jean-Louis Barrault que, sorprendido por su talento natural, le incorporó a su compañía para interpretar al mismo personaje al que él diera vida en la mítica película de Marcel Carné, Los niños del paraíso. La respuesta del público fue tan positiva que le ofrecieron poner sobre las tablas su propio espectáculo, Praxíteles y el pez de colores. Tan sólo un año más tarde surgiría ya el personaje de "Bip", el payaso. Caracterizado con su atuendo marinero y sombrero con flor, Marceau desarrolló las interpretaciones que se convertirían en clásicos del mimo como "La jaula", "En el parque", "El fabricante de máscaras" o "Caminando contra el viento", que serviría de inspiración a muchos mimos callejeros, como bien saben los habituales del centro de Madrid, o al propio Michael Jackson para su "Moonwalk" (fueron colaboradores habituales y, de hecho, estuvieron a punto de realizar un especial juntos para la televisión).


En 1949 crea su propia compañía de teatro, la única especializada en mimo y pantomima del mundo, con la que comenzaría las giras que le granjearían el reconocimiento internacional. Pero fue la televisión el medio que le lanzó a la fama, sobre todo en EE.UU., llegando a ganar un Emmy por su primera actuación en el "Show of Shows" de Max Liebman. Fue un habitual a su vez en los 'shows' de Johnny Carson o Dinah Shore, colaboró con el comediante estrella de la CBS, Red Skelton e, incluso, interpretó a Mr. Scrooge en una adaptación del Cuento de Navidad de Dickens para la BBC. También apareció en algunos papeles en el cine como en la terrorífica Shanks, en la que interpretaba a un marionetista mudo que utiliza cadáveres para sus espectáculos, en la de culto sesentero Barbarella o en un pequeño cameo cómico en la Silent film de Mel Brooks, en la que su personaje tiene la única línea de diálogo audible -un sonoro "no"-.


En el 78 Marceau consigue levantar su propio teatro, la Escuela Internacional de Mimodrama de París, para poder así representar los trabajos que llevaba años escribiendo y, hasta el año pasado, continuó de manera incansable con sus giras internacionales. Allá donde fuera era agasajado. En Francia fue nombrado Oficial de la Legión de Honor y Gran Oficial de la Orden del Mérito, en Nueva York se declaró el 18 de marzo "Día de Marcel Marceau" y en Japón ni más ni menos que fue nombrado "tesoro nacional".


Se nos va pues Marcel Marceau, aquel que dijo que "la palabra no es necesaria para expresar lo que se siente en el corazón", al que tanto quiso el público y al que tantos artistas de ayer y de hoy, desde Tati a Sylvain Chomet, conocidos y anónimos, le deben tanto.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Muere Jane Wyman a los 93 años



Ahora que parecía que se había relajado el tema volvemos a las necrológicas. La que fuera primera mujer de Ronald Reagan, primera ganadora de un Oscar por un papel sin una línea de diálogo desde el invento del sonoro, poseedora del beso más largo en pantalla y, a la postre, la pérfida Angela Channing, ha muerto hoy en su casa de Palm Springs.


Nacida en 1914 en Missouri (se cree que fue en el 17 y que se "envejeció" por lo temprano de su primer matrimonio; no hay que olvidar que Reagan fue su tercer marido) comenzó su carrera en el Cine como actriz de estudio para la Warner donde conocería a Ronald Reagan junto con el que protagonizó varias películas de serie B durante la guerra. Saltaría a la palestra con el famoso beso con Regis Toomey en You're in the Army now y tan sólo 4 años más tarde empezaría su paseo triunfal por los 40 como protagonista de la enorme Días sin huella. Curiosamente, ninguna de las 7 nominaciones a los Oscars que recibiría la película de Billy Wilder sería para ella. Su primera nominación le llegaría un año más tarde con El despertar, una película sobre la madurez bastante cruda para la época -su hija dejó de hablarla durante dos semanas-, en la que la acompañaba Gregory Peck. Con la segunda llegaría la estatuilla tras protagonizar Belinda, otra película de riesgo en la que interpretaba a una chica sordomuda que era violada por un pueblerino.


En los 50 vendrían Hitchcock (Pánico en la escena), Capra (Aquí viene el novio), la tercera nominación al Oscar junto a Joan Blondell por No estoy sola y, por supuesto, Douglas Sirk. Curiosamente uno casi siempre se ordena las películas de Sirk en una cronología inversa, empezando por Imitación a la vida -de hecho, su último largo- y situando las últimas las películas de Jane Wyman. Pero, precisamente, fue en Wyman en la primera que Sirk encontraría a esa mujer contradictoria y de fuertes pasiones internas que buscó en todas sus películas. Por su primera colaboración en Obsesión recibiría su última nominación al Oscar y un año más tarde pasaría a la historia por interpretar a esa mujer de clase alta enamorada del jardinero en Sólo el cielo lo sabe, que serviría de base años más tarde para el personaje al que diera vida Julianne Moore en Lejos del cielo.


Por esa época ya rondaba la televisión y el teatro y combinó ambas pasiones en el programa "Jane Wyman presents The Fireside Theatre" y aún tuvo tiempo de ser la tía Polly de Pollyanna. Finalmente, y después de unos cuantos cameos en series de relumbrón ochentero como Vacaciones en el mar o Los ángeles de Charlie, acabó convertida en la "mala" más recordada de la televisión de aquellos años: Angela Channing y sus viñedos de Falcon Crest. Desde que acabara la serie estaba retirada y sólo volvería una vez a la televisión para interpretar en un capítulo a la madre de La doctora Quinn.

martes, 31 de julio de 2007

Muere Michelangelo Antonioni a los 94 años



Esta semana empieza a ser funesta. El mismo día que Bergman se nos marchó Michelangelo Antonioni, paradigma del modernismo cinematográfico y del retrato de la incomunicación.


Antonioni nació hace 94 años en la ciudad italiana de Ferrara y tras licenciarse en económicas en la universidad de Bolonia comenzó a trabajar como comentarista cinematográfico en un periódico local de Padua. En el 40 se trasladó a Roma donde continuó con su trabajo de crítico en el periódico fascista Cinema del que fue despedido por sus ideas radicales poco tiempo después. En ese momento ingresó en el Centro Experimental de Cinematografía donde se graduó en dirección. En el 42 ya comenzó a colaborar con Rossellini y juntos escribieron El retorno de un piloto, una de las primeras películas del maestro romano, y al año siguiente viajó a París donde trabajó como ayudante de Marcel Carné en la realización de Los visitantes de la noche. Durante esos años, y como heredero ideológico que era del naciente Neorrealismo, su trabajo consistió básicamente en la realización de cortos semidocumentales sobre las gentes de la Italia en guerra como fue el caso de Gente del Po, que retrataba las miserables condiciones de vida de los pescadores del río italiano.


En 1950 dirigiría su primer largo, Crónica de un amor, debut en el cine de la gran Lucia Bosé, que contaba una historia de adulterio de las que se harían habitualesen la carrera de la actriz. En los años que siguieron dirigió una primera trilogía con la delincuencia juvenil como argumento común -La dama sin camelias, Las amigas y El grito- que empezaría a definir lo que sería su interés por la decadencia burguesa.


Pero serían los 60 su etapa triunfal. En los tres primeros años de la década rodaría su renombrada trilogía, La aventura, El eclipse y La noche, que le valdrían dos premios del jurado en Cannes y el Oso de Oro en Berlín. En el 64 y, al igual que las anteriores, protagonizada por su musa Monica Vitti, dirigió la ultrasimbólica El desierto rojo que le llevó a ganar el León de Oro en Venecia. Pero su fama no traspasó fronteras hasta que en 1966 dirigió Blow-up, adaptación de un relato de Cortázar que situó en el 'swinging London' y que protagonizaron entre otros Vanessa Redgrave, Sarah Miles, David Hemmings o Jane Birkin. Esta película le valió no sólo la Palma de Oro en Cannes sino dos nominaciones a los Oscars a mejor dirección y guión.










El éxito de Blow up le catapultó a los EE.UU. donde se dio el gran batacazo con la polémica Zabriskie Point y, aunque recuperó el pulso con El reportero que protagonizó Jack Nicholson, tuvo que retornar a Italia donde en los 80 apenas llegó a dirigir un título notable como Identificación de una mujer.




En 1985, Antonioni sufrió un infarto cerebral que le dejó parcialmente paralizado e incapaz de hablar aunque siguió colaborando en diversos proyectos con la ayuda de su mujer Enrica. No fue hasta el año 95 en que Antonioni volvió otra vez a los titulares tras dirigir junto a Wim Wenders la muy interesante Más allá de las nubes que, en una especie de homenaje al propio director, reunía estrellas de ayer y de hoy -sin ir más lejos Mastroianni interpretaba a un personaje acreditado en un guiño hacia su propia vida como "El hombre de todos los vicios"-. Ese mismo año, la Academia le reconocía con el Oscar a toda su carrera.


El último proyecto de Antonioni fue, al igual que Más allá de las nubes, un proyecto colectivo a base de relatos cortos, Eros, del que precisamente fue su contribución la más destacada. Con más de 90 años seguía conservando "la mirada de Michelangelo".