sábado, 9 de febrero de 2008

En cartelera: En el Valle de Elah



Seguimos de maratón con otra vieja apuesta desde que se estrenara allá por el festival de Venecia en un importante rumor de premios. Al final se ha quedado sólo con la nominación a mejor actor en los Oscars, pero ya parece bastante teniendo en cuenta el fuelle que había perdido. Se trata, obviamente, de En el Valle de Elah.


Después de su estela debut con Crash, Paul Haggis retorna a los dramas autogenerados por el propio ser humano con una película que se ha definido como el mejor relato sobre la guerra de Irak. Y todo sin apenas mostrar el campo de batalla. La historia es la de Hank Deerfield (Tommy Lee Jones), un policía militar retirado cuyo hijo desaparece apenas días después de su retorno de Irak, y la meticulosa búsqueda de los hechos que emprende junto a una detective local (Charlize Theron). Mientras el ejército intenta ocultar cualquier rastro de lo sucedido, un padre obstinado y una agente que necesita demostrarse a sí misma su valor, se empeñarán en mover cielo y tierra para descubrir lo ocurrido. Y según avance la narración, no sólo descubrirán lo ocurrido con el chaval, sino la deshumanización a la que la guerra les ha llevado tanto a él como a sus compañeros de unidad. "Es la forma de afrontarlo", dicen, mientras un impertérrito veterano de guerra escruta sus rostros intentando averiguar el porqué.


Hablar del trabajo de Tommy Lee Jones a estas alturas con un Oscar a sus espaldas y teniendo en cuenta que sus últimos proyectos han sido Los tres entierros de Melquiades Estrada y No country for old men suena ridículo, pero no cabe menos que destacar una interpretación que entre tanto 'buzz' le ha valido colarse y conseguir su tercera nominación al Oscar. Como el Ethan Edwards de Centauros del desierto, Hank Deerfield es un personaje de vuelta de todo que emprende una búsqueda desesperada aunque sepa a ciencia cierta que los frutos serán de todo menos afortunados. Es ese empeño el que derrumba todos los muros que se interponen y como David en el valle que da nombre a la película será capaz de vencer a Goliath. Que la batalla haya servido para algo ya es más difícil de decidir.


Perfecta réplica le da Charlize Theron que, aunque no había nacido cuando Jones ya hacía sus pinitos en el cine, tiene también una larga y exitosa trayectoria aunque no menos irregular. En sus últimos tiempos, eso sí, ha dejado sus papeles de chica guapa para dejar aflorar una inteligencia interpretativa fuera de lo común. Sin necesidad del trabajo de maquillaje de Monster, sólo con una coleta, una camisa blanca y una chaqueta gris, la Theron se convierte en un sabueso inquieto cuyo único interés es hacer su trabajo de la manera adecuada. Así, con dos personajes tratando de hacer lo que deben, se establece un 'tour de force' en el que casi parecen luchar por demostrar quién está mejor de ambos. Gana Tommy Lee Jones. Es demasiado bueno y tiene demasiadas arrugas. Pero es un gran espectáculo verles moverse a ambos por la pantalla. Y no olvidemos a Susan Sarandon que, aunque muy incidental, tiene un personaje que se merecería un relato aparte.


Y hagamos un aparte para el aspecto técnico-artístico. La película basa su solidez en un guión sin concesiones a la galería y en unas interpretaciones sobrias que dan la talla, pero el relato es de una depuración técnica muy cercana a la que ya se viera en Crash. La dirección de fotografía -de la que está a cargo uno de los personajes del año, Roger Deakins- es de una rotundidad incuestionable, a la altura de aquella alienación de Paris, Texas, llena de paisajes desolados y luces artificiales penumbrosas. Y la banda sonora de Mark Isham es fundamental a la hora de crear el clima de desolación que puebla la película sin contar con la aparición, claro, de la gran Bird York, que se quedara sin un Oscar casi seguro por Crash.


Por no añadir mucho más, sólo decir que sumamos En el Valle de Elah a la larga lista de buenos trabajos que pueblan el cine estos días y que seguirán llegando de aquí a a final de mes. Y que ojalá Brian de Palma se dejara de gilipolleces de relatos de guerra multimedia y contase una historia así, como debe ser.